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Madre Kumbra

Reserva Natural

Desde principios de los años 90, el Abuelo Carlos, padre de Esteban y visionario de la necesidad de reconciliar la ciudad y la Naturaleza, escuchó el latir del territorio y dejó que este “monte” creciera. Camargos y chilcas, entre muchos otros pioneros, se apoderaron de lo que por un tiempo fue potrero para que creciera selva en la ciudad. Con la fuerza de la naturaleza, profundas intenciones de cuidar, alimentar y sostener el íntimo vínculo entre la humanidad y la naturaleza, y más de 3,000 árboles nativos sembrados en una hectárea de tierra periurbana, comenzamos a regresar. Renacimos de las cenizas y semillas de los antiguos que aún permanecían, aunque dormidas, en la tierra. Y comenzamos a juntarnos, recordar y acordar. Y así, en el equinoccio de marzo del 2016, nace la Madre Kumbra. Para el 2022, recibimos reconocimiento como Reserva Natural de la Sociedad Civil, la cual nos hace parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas.

Somos Naturaleza, montaña y vientre sagrado que vierte sus aguas para nutrir, refrescar, limpiar, conectar y sostener la vida. Somos comunidad diversa de múltiples especies, habitando entre Yarumos, helechos macho, siete cueros, barranquillos, búhos, gavilanes, pavas, carpinteros, felinos, nacimientos, piedras y microorganismos por montones. Como el tabaco, crecemos incluso entre el cemento de la ciudad, y somos semilla recordando y compartiendo quienes somos, de donde somos, de que estamos hechos y como podemos proteger, cuidar, amar, y ser unos con el otro. Y como cualquier ser sintiente, hemos aprendido a entender, practicar y compartir lo que nos ha servido para vivir bien. Como el campesino que comparte su mejor semilla de maíz con sus vecinos, asegurando también asi que sus propias plantas se polinicen bien, nosotros hacemos lo posible por conservar y regenerar, en conjunto y alianza con la comunidad, entendiendo que somos todos Unidad.

Un gran amigo y aliado nos pensó y nombró de esta manera en un espacio en el cual se cuestionaba si una hectárea de tierra urbana era digno de ser reconocida como Reserva Natural: “Qué es una hectarea para una hormiga?” poniendo a los demás a reflexionar. ¿Cómo no conservar hasta los lugares que para los humanos parecen pequeños si significan “países” enteros para muchas gentes que, a su vez, permiten que estemos vivos los humanos? Muchas veces son las semillas más pequeñas las que pueden volar más lejos, sembrarse en más terrenos, e incluso crecer mas alto.

Hoy hablan de nosotros como Selva Humeda Subandina asociada al Orobioma Andino Cordillera Central. Nos reconocen como un espacio de vida en continua regeneración y restauración, refugio de muchas especies nativas, endémicas e incluso en peligro de extinción en un área periurbana donde amenazan la expansión urbana, los monocultivos de pino, eucalipto y aguacate, así como la actividad agropecuaria convencional. Al norte de la ciudad de Manizales – Yrrua – protegemos laderas perimetrales y taludes, las estrellas hídricas que nos abarcan, y aportamos con aguas y aires limpios a las microcuencas de la quebrada El Popal y de Río Blanco y Olivares, afluentes de la gran Cuenca del Río Chinchiná.

Somos parte de un hermoso corredor biológico, social, ambiental y comunitario llamado el Camino del Yaguarundí, que recorre el área entre el Bosque Monteleón, Ecoparque Los Yarumos y la Reserva Río Blanco. Como corredor, visionamos que, en alianza con el Sendero del Puma, Corredor Plan Alto-Alcázares, e instituciones, organizaciones, y comunidad en general, avancemos en la conservación, protección y regeneración realmente sostenible de nuestro territorio y la restauración de nuestro vínculo con la Tierra.

Sembramos alimento y medicinas con técnicas que regeneran suelos en vez de contaminar. Construimos con y para la Naturaleza, aplicando la bioconstrucción y el uso de materiales locales, biológicos, y reciclables en construcciones livianas. Diseñamos y aplicamos de manera local, implementando saberes y tecnologías modernas, ancestrales y permaculturales para el buen vivir y la sostenibilidad en y con el territorio. Custodiamos y compartimos fuegos naturales, meditamos en silencio y palabreamos en colectivo, para reconectarnos con lo que realmente es importante y esencial.

Cuidamos y compartimos nuestras semillas, saberes, experiencia y conocimiento, a través de la educación popular, nativa, y complementaria, para la pervivencia de esta y las siguientes generaciones. Fomentamos un ambiente cálido, integral, que abraza lo individual y comunitario, donde nos reconocemos parte y co-laboradores de la Naturaleza, cumpliendo nuestro papel como humanidad, no como el centro, sino como parte de un gran tejido. Laboramos para que este tipo de iniciativas y centros de aprendizaje se repliquen y germinen por el territorio, en el campo y la ciudad, y en los corazones de las gentes.

Gracias por leernos y conocernos. Si sientes contribuir a nuestra labor, conoce como hacerlo en este enlace