Soy Mariana Loaiza Londoño, hija del vientre fértil de mi madre Luz Victoria Londoño y la abundante semilla de mi padre Omar Loaiza. Desde niña he tenido contacto con plantas, fincas, animados y montañas. Mi abuela creció en el campo y siempre tuvo fincas llenas de animados y alimento. Por otro lado, mi abuelo fue boticario, sabedor de plantas medicinales y curativas. Desde que recuerdo, he sentido que esta vida contiene informaciones profundas, amplias, intuitivas y mágicas.
En el colegio, ser activista ambiental y vegetariana radical marcó en mí un camino de cuidado a la Madre Tierra. Sí, yo era de las que pasaban por los grupos con las canecas recogiendo basura, inventé el Green Day para visibilizar las problemáticas ambientales que aún nos tocan. Básicamente, fui la líder rebelde de ecología y animalista. Y si bien este camino ha tomado muchos matices y he cambiado formas, actitudes y formas de cuestionar, desde siempre ha estado en mí la conciencia del amor y el cuidado por esta gran casa y quienes habitamos en ella.
Un día, me pregunté qué significaba ser hija de esta tierra, ser mujer, ser hermana, ser tía. Y fue así como un día se abrió una ventana al cielo, mostrándome el camino hacia los círculos de mujeres como herramienta de autoconocimiento, exploración, sororidad y amistad. Estos me permitieron abrir mi visión y amor por lo femenino, lo cual me llevó a que en el 2013 le diera vida al círculo de mujeres UAM en femenino de la universidad autónoma de Manizales donde estudié Diseño Industrial.
Cuando me gradué de la U, sentí que debía comenzar diseñando mi propia vida. Siento que estudié diseño para esto: para darle forma, animo, color y dirección a mi propia vida. Quise buscar tocando la realidad de lo que soy, hago y merezco, es por esto decidí terminar mi estudio, e irme de viaje por Suramérica donde me encuentro con el arte como fuente e inspiración de vida. En este viaje reconocí el tejido como memoria de reparación y caricia y dí vida a LA HILANDERA como proyecto que acompaña y comparte talleres de tejido a mujeres, niñas y seres que se interesen por este arte, reconociéndolo como oficio ancestral, lleno de significado espiritual y profundidad.
En el mismo tejer de la vida, reconociéndome mujer, guardiana y tejedora, y recordando como desde niña admiraba profundamente la vida y sus infinitas formas de ser y crecer, encontré en el doulaismo y el cuidado por las mujeres gestantes, mi Activismo Sagrado. De esta manera, junto a mi amiga Silvana Nivia, partera intercultural, creamos Habitadas en el 2020. Este emprendimiento, esta juntanza cuida, acaricia, y acompaña el primer aliento y la formación de los nuevos seres que cuidarán esta tierra.
En los ires y venires de la vida y sus misterios, llegué a Madre Kumbra, este vientre sagrado y fértil que me ha permitido aprender, caminar, ser y crear para y por el cuidado de la vida, desde el tejido, el arte, el canto, las flores, el buen nacer y lo que soy. Vivir una vida de Yoga y vida integral me ha permitido enraizarme, vivir los ritmos de la naturaleza, el hogar y el fuego del corazón. Despertar y ver el Kumanday ha sido la puerta para recordarme hija de sus pieles, caminante del amanecer y guardiana del nuevo tiempo. Al recoger los hilos y aprendizajes en mi vida, veo como esta forma de ser y habitar en integralidad y conexión con el Espíritu y la Tierra se ha convertido en mi razón e impulso de vivir, permitiéndome aportar semillas de amor a esta tierra a través de la creación y acción de espacios educativos por el cuidado de la naturaleza, el hogar, las mujeres, las familias, los niñxs, el buen nacer, el buen vivir y el buen morir.